Preparando a Rafael PDF  Array Imprimir Array  E-mail
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Escrito por Antonio Orjeda   

ÉL TIENE UNA OBSESIÓN: PARTICIPAR EN TORNEOS DE GOLF JUNTO A SU HIJO. ESTE ES SU AÑO, EN EL 2009 ENTRARÁN A LA CANCHA. ¡PREPÁRENSE!

 Por Antonio Orjeda

Su iPod tiene una colección de temas de los años 80. José no tiene idea de quién los canta, él solo los quiere para correr. Con los audífonos puestos, se olvida de todo. Diez, doce kilómetros al día. Sobre el asfalto, los Perú Runners más de una vez lo han invitado a que se les una. ¡Jamás! "Ellos corren sin música".

No, él no es un antisocial. "¡Yo soy paterazo!". Por alguna razón que José no sabe explicar, le encanta correr solo. Claro, salvo cuando se le une su hermano. La última vez que eso ocurrió, llegaron a casa tras haber sudado 23 kilómetros.

El 2000, un pata le planteó meterse a clases de golf. "¿Qué handicap eres?", le preguntó el entrenador. José no entendía. Resulta que mientras su amigo no hacía más que pifiar la pelota, él le daba a todas. Es más, un año después hizo un hoyo en uno y en el club causó conmoción. Invitó tragos a todos los presentes. Sí, esa fue su primera y última vez (por el momento). Una cosa le quedó clara: había encontrado su obsesión.

Había reducido su handicap a ocho cuando inició su maestría. Era el 2006. En dos años fue a entrenar dos veces. No solo eso, subió ocho kilos. Su handicap se disparó a 14.

MAESTRA VIDA
"El golf es adictivo. No conozco a nadie que haya comenzado a jugarlo y que después de unos meses haya dicho: lo dejo".

Toda su vida había jugado pelota, compitió en regatas, le dio al squash. Nada. Por alguna razón, cuando la TV por cable llegó y José hacía zapping, se detenía ni bien la pantalla pintaba de verde. "Será porque el chino Graf --Luis Felipe Graf-- para mí es el mejor jugador de golf del Perú y es pata mío". Lo cierto es que, pese a todo, jamás jugaron juntos. "No éramos socios del mismo club".

El 97 se casó, el amigo que lo metió en el golf partió a Irlanda. Aún vive allá. Aún no baja su handicap. "Sigue en veintitantos".

Tras su primera incursión, José tomó clases. Los martes y jueves a las seis de la mañana estaba en el club. Los sábados y domingos pisaba la cancha. Fue así como Claudia, su mujer, comenzó a convertirse en esa categoría que mundialmente es conocida como las viudas del golf.

"Yo soy hiperactivo. No duermo. Hoy me levanté a las cinco (a.m.). Cuando me quedo en la cama hasta las diez me desespero y mi mujer me dice: '¿Por qué no te has ido al club?'"

¿Qué es lo que tanto le gusta de esto? "En cada juego, cada golpe es distinto. Juegas contra ti mismo, el reto es que tú bajes la cancha, que tú bajes tu score. La adicción va por ahí, si un día hiciste 80 golpes, al día siguiente quieres hacer 79 pero te pueden salir 100".

Ana Lucía, su princesa de 10 años, no lo entendió, pese a que papá --a muerte-- lo intentó. Todo indica que Rafael, sí. Él tiene 7 años. "Le está agarrando el bichito".

José tiene una meta: identificar el deporte que por siempre jugará con cada uno de sus cachorros.

Lo tiene claro, con Ana Lucía será el tenis. "Soy malísimo, pero le doy a la pelota". Con Rafael, lo suyo es ansiedad.

"Tengo una obsesión por jugar con él. Tengo amigos a los que llamo para ir a jugar y me dicen que no porque van a jugar con sus hijos. ¡Qué mostro!".

Este año se mudarán, estarán a un paso del club de La Planicie, y José ya comenzó a soñar con los torneos entre padres e hijos que con Rafael irá a jugar. Lindo, ¿no?

 

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