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O RESCATAMOS LAS FUERZAS ARMADAS, O VAMOS PENSANDO EN BUSCARNOS UNAS NUEVAS La disyuntiva que enfrenta (o debería enfrentar) cualquier Estado con indicadores de pobreza e infraestructura de país en vías de desarrollo --o economía emergente, para sonar más modernos-- es: ¿en qué gastar?, ¿misiles o escuelas?, ¿tanques de asalto u hospitales?
Los países latinoamericanos gastan alrededor de 2,5% de su PBI en sus fuerzas armadas. Así explicado, no parece oneroso pero, tomando como ejemplo a nuestro propio país, gastar un punto porcentual en buques de guerra y combustible suficiente para moverlos equivale a hacer US$1.000 millones menos de carreteras que nos integren o postas médicas que atiendan emergencias potencialmente mortales ocasionadas por la pésima calidad del agua en muchísimos pueblos del interior del país.
Para ponerlo en perspectiva: "con US$1.000 millones se puede duplicar el ingreso del 25% más pobre de nuestro país", como afirma el economista Roberto Abusada. ¿Le quedan ganas de comprar misiles?
BRECHA DE SEGURIDAD El presidente de la Comisión de Defensa del Congreso, Édgar Núñez, afirma que "Chile ha desatado una carrera armamentista en la región". Bueno, de hecho, la capacidad de renovación de material bélico de las fuerzas armadas de Chile gracias al cobre (hasta US$1.000 millones al año provenientes de las utilidades de la cuprífera Codelco) ha generado un gran desequilibrio en la relación de fuerzas de la región. Y, como es lógico, algunos nos ponemos nerviosos.
Según el especialista en temas militares, Enrique Obando, las fuerzas armadas peruanas no reciben fondos suficientes desde el primer gobierno aprista; ni siquiera para mantener operativos los materiales que aún conserva. De hecho, el último gran embarque de material bélico nuevo llegó antes de 1985 y había sido comprado durante el gobierno militar.
¿Y por qué en el MEF piensan que es mal negocio destinar recursos a lo militar? Para otro especialista en estos temas, Andrés Gómez de la Torre, la respuesta es muy simple: "lo que está pasando en la policía con el combustible es un escándalo; imagina la escala de algo así en las Fuerzas Armadas mientras no haya un sistema de supervisión adecuado, los presupuestos van a seguir siendo exiguos".
¿Entonces, se trata de tener una fuente de ingreso que esté fuera del presupuesto general que asegure la sostenibilidad de largo plazo y de procesos adecuados de supervisión y ejecución presupuestal? No, hay más.
El MEF no ve el sentido económico de comprar aviones caza-bombarderos cuando podría destinar esos mismos recursos a infraestructura de caminos. ¿Pero estamos viendo bien la foto? Afrontémoslo, no tener Fuerzas Armadas equipadas puede costar más dinero que comprar y mantener un avión caza, incluidos combustible, municiones, personal de mantenimiento y capacitación permanente hasta que haya que cambiar la nave.
Obando opina que si hubiéramos estado bien equipados, derrotar a Sendero Luminoso no nos hubiera tomado 15 años, (de 1980 a 1995) con costos que se calculan en alrededor de US$30.000 millones en pérdidas materiales y cerca de 69.000 muertos. Nos hubiera tomado, en su opinión, solo cinco años. "Tampoco nos estaría tomando más de 15 años controlar a narcos y terroristas en el VRAE. ¿Cómo medimos la eficiencia del gasto en defensa? Cuando perdemos una guerra o la ganamos a un costo altísimo. O cuando nos quitan Arica y Tarapacá: ahí está todo el cobre del que ha vivido Chile todos estos años", afirma Obando.
¿Y QUÉ HACEMOS? Primero, enfrentar lo evidente: nunca tendremos un presupuesto general que priorice los gastos en armas sobre inversión en infraestructura económica y social.
Por ello, como explica el congresista Núñez, se trabaja en un proyecto para gravar a los futuros denuncios mineros, de gas y proyectos de energía con un 5% para incrementar el fondo de defensa nacional. "Hablamos de futuros para que no se asusten", dice. Hasta entonces, habrá que esperar. ¿Pero y qué del manejo eficiente de los recursos que en el futuro se le asignen --o se puedan asignar-- a las Fuerzas Armadas? ¿Qué hacer para que no terminen convertidos en lujosas casas con piscina en Camacho pertenecientes a generales retirados cuyo único ingreso familiar conocido es su pensión?
Para Obando es muy complicado, pues pasa por elevar el ingreso de todos los efectivos haciendo que la profesión sea económicamente atractiva y deje de ser, en la práctica, voluntaria. Además, la regulación debe ser firme: castigos más severos, como en Inglaterra.
"Allá no delinquen porque tienen muchísimo que perder de hacerlo y las probabilidades de que los atrapen son muy altas ", explica.
Para Núñez, se trata de crear mayores controles dentro de las propias Fuerzas Armadas porque "no se puede tener a un civil en esa labor por la sensibilidad de la información que se maneja. Es educación, como en Finlandia".
Es evidente que en el mundo no existe una policía o Fuerza Armada internacional que proteja los derechos de los países. Solo se tiene la garantía de que los acuerdos a los que se lleguen serán cumplidos en la medida que se tiene la capacidad de hacerlos cumplir. Mediante la presión económica o incluso la fuerza.
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